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24 de enero de 2017

Te quiero.

Te quiero.
En la ducha alborotado,
en tus sueños al alba,
en los suspiros de tu alma.
Te quiero.
Cuando gritas,
cuando hablas,
cuando te estremeces bostezando.
Te quiero.
En cada lágrima,
en cada enfado.
En los jirones de sueño
que te quedan en los ojos
cuando amaneces.
Te quiero.
Por cada pliegue de tu piel,
por tus lunares,
en cada sonrisa avispada.
Te quiero.
Libre,
grande,
fuerte.
Te quiero.
Cuando eres tú,
cuando no cambias por nada.
Me quiero.
Cuando soy yo,
cuando soy libre,
cuando río,
lloro,
grito,
me quejo.
Me quiero.
Cuando estoy contigo... vuelo.

5 de mayo de 2016

A debatir: la diferencia de edad en el amor

Hola a todos!! Bienvenidos a un nuevo debate al blog. Como ya dije hace tiempo, me estaba planteando si dejar esta sección o no, ya que aunque el último debate tuvo bastantes visitas, no tuvo la participación que yo esperaba. Este lo voy a publicar porque cuando decidí abrir la sección ya lo tenía en mente. Viene con un día de retraso, pero es que he estado muy liada y ayer me fue imposible publicarlo.

El debate es sobre la diferencia de edad en el amor. Lo voy a centrar en uno de los casos más mediáticos de estos días en nuestro país: el de Laura Escanes y Risto Mejide, porque también enlaza esto con el antiguo debate, el de los famosos y la privacidad

Exposición de hechos:

Desde que tengo memoria he oído en alguna que otra ocasión aquello de que "el amor no tiene edad." De hecho he tenido amigos con parejas menores o mayores que ellos, y aunque puede que haya críticas, siempre ha primado más lo mencionado arriba. 

Sin embargo, cuando se trata de famosos, parece que las cosas cambian. Aunque hay gente que lo defiende, en su gran mayoría estas parejas reciben muchas críticas. Como he dicho arriba, voy a centrarme en el caso español que ahora mismo se conoce más, el de Laura y Risto. Yo conocí este caso cuando periódicos tipo ABC, Hufftington Post o La Vanguardia publicaron el artículo que os he enlazado. No sabía la edad de ella ni nada. Por no saber, ni siquiera sabía que Risto tenía novia, y eso que es bastante mediático. Sin embargo, de esta noticia me fue imposible no enterarme, puesto que sigo a muchos medios en Twitter y Facebook.

Mi vena cotilla se activó, y miré el vídeo y luego vi MUCHAS opiniones diciendo que si el podría ser su padre, que si ella se aprovechaba, etcétera. Entonces miré la edad, y ella actualmente tiene 20 y el 41.

Todas estas críticas me hicieron plantearme muchas preguntas. Aunque he escrito sobre un caso de famosos en España (hay muchos más famosos, sobre todo internacionales, con parejas menores y mayores), también he conocido gente en esta situación, como ya he dicho. Es por ello que tengo una pregunta genérica, y luego otra aplicada al caso de famosos. Vamos a ello:

Preguntas para debatir:

1. Si las personas demuestran que se quieren, ¿de verdad importa TANTO la edad?

2. En el caso de los famosos, ¿creéis que la relación puede ser más por conveniencia que por amor tal cual? Es decir, imagináos que vosotros no sois conocidos apenas y empezáis a salir con alguien que sí lo es... ¿puede ser que empecéis la relación con esa persona por admiración más que a mor, y por que sabéis en vuestro interior que os ayudará mucho en vuestras carreras/vidas?

Mi opinión personal:

Con respecto a la primera pregunta, creo que la edad no importa siempre y cuando esa persona te atraiga en todos los aspectos. Sin embargo, ahora mismo no me veo con alguien que me saque 20 años, entre otras cosas porque esa es la diferencia de edad con mi madre, y con mi padre me llevo 21. Para mi sería muy raro porque inconscientemente no podría dejar de pensar que mi pareja tendría la edad de mis padres. Sin embargo, 10-12 años mayor no lo veo una locura, como mucha gente dice. Fuera de que yo no sé si saldría con alguien 20 años mayor por lo que ya he comentado, no quita que respete que cada cual haga lo que quiera y pueda con su vida. Oye que si la chica ha conocido a Risto y se quieren, pues que sean felices! No entiendo por qué tanto salseo y por qué molesta tanto. Quizá es envidia, porque si por lo menos dieran una argumentación sin insultar... pero todavía no he visto muchas.

Respondiendo a la segunda, diría que fifty fifty. Creo que una relación de alguien más o menos desconocido con un famoso podría empezar primero porque ese alguien tiene devoción por dicho famoso (por ser inteligente, guap@, y porque es tu famoso favorito, por ejemplo), y segundo porque a dicho famoso le gustes de verdad y seas también un poco de aire fresco entre tantas parejas famosas que haya tenido. Entonces creo que aunque en la relación pueda haber amor, que seguro que lo hay, en parte se empiezan porque hay admiración tipo fan, y porque en el fondo sabemos que quizá estar con esa persona nos va a ayudar a conseguir objetivos laborales más rápido. Luego no niego que la pareja sea feliz y se quiera mucho. Sin embargo, también opino que les cuesta algo más romper porque quizá en x momento es más conveniente que sigan juntos, por ejemplo. 





Y por aquí va todo chicos. Me gustaría mucho que me dejaseis vuestra opinión, sobre todo a la segunda pregunta, ya que es la que más me cuesta razonar porque entran muchas cosas en juego. ¿Qué opináis vosotros de todo este tema? 

También me gustaría que me dijerais con toda vuestra sinceridad, por privado o comentarios, si creéis que debo seguir con esta sección. Como he comentado arriba, aunque es sólo dos veces al mes, no sé si merece la pena al 100%. Porfi, decidme qué pensáis que sería mejor hacer.

Nos vemos mañana o el sábado con nueva entrada! Lo anunciaré por Twitter, estad atentos! Un besote!!


Byeee :)

30 de marzo de 2014

Tú.

Dicen que a veces el tiempo es humo, y se va sin más. Dicen que a veces la vida escapa como las gotas de lluvia por una alcantarilla. Los ríos nos inundan, los relojes nos pisan los pies y nos meten prisa. Dicen que no nos sentimos a salvo si no es en casa, pero yo no me siento segura si no es ahogándome en tus ojos. Dicen que cada día que pasa, el sol ilumina más alto, y las nubes abruman menos. Dicen que cuantos más pasos demos, más pequeños son los obstáculos que encuentras. Dicen que si tienes miedo y te ofrecen una sonrisa verdadera, ya nada importa, y tienen razón: tu sonrisa es mi chaleco salvavidas. Sonríeme hasta helarme los huesos y chamuscarme el corazón, porque sólo tú puedes hacerlo. Dicen que si "la vida te da limones, hagas limonada", pero a veces es difícil. Dicen que si llueve demasiado fuerte y los colores del alma se empiezan a borrar, bailemos y desafiemos a la tormenta. Dicen que cuando nos perdemos, no hay nada mejor que una mano amiga, y a mi me encanta perderme porque sé que cuando quiera encontrarme, ahí estará tu mano. Dicen que la vida es bella... y la mía brilla por tu presencia.

8 de enero de 2014

Aunque duermas.

Respirar con el alma nunca había sido tan difícil. A cada suspiro todo se complica y a la vez se hace más rápido. Caminar desnuda por las hojas del calendario se ha vuelto más fácil. .. y poco a poco nos vamos renovando. O no. Porque ya no importa que sigamos de pie y bailemos sólo por esa persona. Ahora es el momento de cogerlo u olvidarlo. Pero nunca las dos cosas. Ya no tenemos elección: la luna llega un poco tarde como siempre, y las estrellas ya estaban brillando con la noche, ajenas a si tú has vuelto o no de tu rutina. Ahora lo único que necesitamos es salir y borrar del mapa la desesperación. Hay que dejar de buscar el sol, que la luna por fin llegó. Y es la hora de dejar atrás preguntas vanas y sin sentido. Es la hora de quererte aunque estés dormido.

26 de junio de 2012

Verano

Ya sí que no hay marcha atrás. El curso ha terminado prácticamente, tan sólo quedan unos días. Y habrá que decir hasta luego hasta septiembre, y a algunas cosas, un adiós para siempre. A cosas como mi almohada, mi cama y esas cuatro paredes que tantas cosas han visto este año. Esas cuatro paredes de la habitación que me ha acogido entre sus brazos cuando más lo he necesitado. Y me he perdido entre papeles, tinta y grafito muchas veces. Y entre notas altas de música desconocida.
Pero de nada sirve anclarse en lo vivido; mejor pensar en el día a día. Ahora vienen los días de descanso, de piscina, playa, sol, helados y noches largas sentados en nuestros propios recuerdos hasta bien entrada la noche, donde el calor no te haga perder la noción de dónde estás.
Ahora viene lo que todo el mundo espera con ansia: días para no hacer nada, para disfrutar hasta que queramos en la calle y luego dormir lo que nos de la gana. 
Sin embargo, aunque yo también tengo ganas de no hacer nada, de leer los libros que quiera, de poder acostarme cuando quiera, salir sin pensar en cuándo volver porque luego no tendrás que madrugar... no me entra en la cabeza tener que irme. Este año, más que ninguno, no quiero despedirme, porque supone alejarme de algo importante para mi. Muy importante de hecho. Supone alejarme de él, mi pequeño. Y aunque hay que organizarse para vernos y se que lo vamos a conseguir, sigo sin querer que acabe esto, que llegue definitivamente el verano...

11 de junio de 2012

Quizá.

Quizá es el calor o quizá los nervios porque todo está acabando. Quizá es el ruido demasiado atronador de las calles en hora punta, o mi propio murmullo interior lo que me hace echarte de menos así. Quizá es que hay demasiado peso en mi espalda o demasiadas gotas de sudor empañando sueños...
O quizá, simplemente, es que sigo sin resignarme y sin acostumbrarme a no ver tu cara u oír tu risa. Quizá sigo esperando que me des un caramelo cuando estoy triste... y sé que espero demasiado, porque el tictac de un mudo reloj me cuenta que es hora de entender que ya no estás...
La cuestión es comprenderlo o dejarlo pasar una vez más, guardando tu sonrisa en cada hueco de mí misma...
Y quizá hago mal, pero prefiero disfrutar con lo último, que decir adiós para siempre...

10 de abril de 2012

Conmigo.

Si vas a caerte, que sea a mi lado en la cama. Si vas a tirar la toalla, que sea conmigo en la ducha. Tu sonrisa, que sea gracias a la mía; tus lágrimas que las sequen mis hombros y si me pierdo, que sea en tu boca y en tus brazos, que sea cuando me dices un te quiero. Si tropiezo, que sea tu mano la primera que encuentre y si me hundo, yo sólo pido que estés conmigo...

8 de febrero de 2012

Diez.

Me encanta escribir, más que nada. Un trozo de papel puede ser para mi la mayor liberación que podáis imaginar. Amo huir del ruido de mi cabeza mezclándome con la tinta de un bolígrafo o el grafito de un lápiz.
Pero tambien me gusta evadirme escuchando música a todo volumen, cantar (o destrozar, como prefiráis) en voz alta y bailar como una loca mientras tanto, sin nada que me moleste ni nadie que me mire para reirse. También adoro acurrucarme en la cama en invierno con tres pares de calcetines si es necesario, andar sin zapatos por toda la casa y en verano, sentir la arena de la playa en la planta de los pies. Libros, otra cosa que también me flipa. Siempre que comienzo a leer me sumerjo de tal manera en las palabras, me meto de tal forma en la historia, que la hago completamente mía. No es la protagonista ni es su vida; soy yo y es la mía.
Dulces, sublimes. No he conocido placer más gratificante que meter una cucharilla dentro del bote de Nutella, comer lacasitos o cualquier tipo de chocolate cuando te apetezca.
Reírse, mi mejor medicina. Soy masoquista, le doy cuatrocientas vueltas a todo y si no tengo problemas, no importa, porque soy pesimista por inercia. Diría que casi bipolar, porque pese a todo lo que a veces me rodea y pese a que a las muchas veces que la cago, si algo he sabido hacer es salir adelante, riéndome. Me encanta burlarme hasta de mi sombra, porque tendré mil defectos, pero soy así y aunque a veces cueste, me acepto tal y como soy.
Las sonrisas mi delirio, y los ojos aún más. Podría pasarme horas mirando unos mismos ojos para descubirir todos los matices que tienen sin aburrirme. También podría pasar horas mirando cómo alguien especial me sonríe, sólo porque soy yo misma, con mi locura siempre a cuestas.
La nieve me derrite: pocas veces he experimentado eso de coger una bola de nieve y moldearla, pero nunca había sido tan feliz como entonces, cuando recuerdas la inocencia de tu infancia al sentirte pequeña de nuevo haciendo muñecos. Y hablando de nieve, los helados, hasta en invierno. Me duelen los dientes, pero hasta eso se me olvida cuando disfruto de uno de ellos.
Me gustan muchas cosas pero sobre todo, que me abracen cuando tengo frío, que me canten aunque no sepan, que me sonrían porque sí, que me cojan de la mano para sentirme de nuevo pequeña, que me susurren un "te quiero" al oído para que solo yo pueda oírlo, que me rocen la espalda o el cuello y los escalofríos me hagan volar, que se pasen horas hablando conmigo de todo y de nada, que me cuenten hasta su más pequeña tonteria, haciéndome sentir importante porque sé que ante todo, cuentan conmigo...
Me gustan muchas cosas, sí, y entre ellas los números impares pero, por irónico que parezca, si hay algo que realmente me encanta, es el seis... y el diez.


7 de febrero de 2012

Sonrisa.

Simplemente, existen. Son aquellos que cuando tienes ganas de dormir, de que todo desaparezca, de que nadie ni nada te moleste, de que no entren más moscas absurdas en tu cabeza... vienen. Te buscan y te encuentran con la misma facilidad con que encontrarían un coche rojo en un desguace lleno de coches completamente negros.
Y con una simple mirada, ya saben qué te pasa. Entonces es cuando verdaderamente te sientes segura, cuando sabes que puedes contar cuatro mil cosas distintas durante horas, que sus oídos nunca van a cansarse y no sabes cómo, al final de todo, saben hacerte sonreir. Si no están cerca, te llaman tan sólo para ver si aún sigues respirando. Y llena y llega mucho que se acuerden de ti, aunque sea para decirte buenas noches.
Cositas como esas hacen que todos los amigos sean especiales, sí. Pero hoy, en concreto, hablo de uno sólo. Mi pequeño guardaespaldas en las fiestas, que me tapa mientras bailamos. Mi compañero de risas, chistes y locuras. También mi compañero de criticoneo, todo sea dicho jajaja.
Sí, él, con sus abrazos, con sus bailes, con las fiestas en su casa, con sus llamadas para decirme que es demasiado pronto para irme a dormir... pero sobre todo, por su amistad: por esos días de luz que me ha dado cuando todo se volvía más oscuro, casi sin saberlo. O por esas llamadas (sí, nos encanta hablar por teléfono) cuando menos lo esperaba, para preguntarme simplemente cómo estoy y subirme el ánimo.
Sí, él, mi pequeño gran amigo. Paco, el que tantísimas veces ha sabido pintarme, cuando más lo necesitaba, mi mejor sonrisa.

18 de enero de 2012

Aquel 28... :)

No sé qué escribirte, porque no quiero que sea la típica entrada bonita o seria... Así que empezaré por lo más simple: un 28 de diciembre (los Santos Inocentes) en el que la ironía decidió reírse en mi cara y el miedo dejar libre el camino. Un día en el que rompiste mis esquemas, me dejaste sin argumentos y sin palabras (cosa difícil, ya sabes). Un día especial que cada vez que recuerdo, no puedo evitar sonreír. Porque como te he dicho mil veces, entraste poquito a poco en mi vida y cuando menos me lo esperaba, te eché de menos y me dio miedo, porque eras mi amigo. Y lo que menos quería era sentir algo, o ser débil, que era como yo lo veía entonces. Si a algo tenía verdadero pánico era a que pasara algo y a perderte, como ya sabes.
Pero no sólo te colaste casi sin querer, sino que desde aquel día de los inocentes (mi día jaja) has estado aún más cerca, con miles de detalles y cosas con las que te has ido haciendo cada vez un hueco mayor, con las que has ido consiguiendo que yo, la cosa más insegura del mundo, se sienta confiada, segura y no tenga miedo a cada paso que da. 
Así que no cambies nunca, Fabi :)

10 de enero de 2012

10193 :)

Iba atacada. Primer día de universidad, no conocía a nadie y ni siquiera sabía dónde mirar. Venía de haber estado de fiesta, con los ojos pegados y después de dar muchísimas vueltas para encontrar la clase, me senté en el que ahora es mi sitio favorito de esas escaleras tan conocidas.
Recuerdo que cuando entré a clase, ya hablaba con Marta G.C. Pero también recuerdo que cuando nos sentamos, entraste con cara de asustada y te sentaste a mi lado. Y yo como siempre, hablando sin parar, hasta que conseguí que te rieras.
Estábamos también muy concentradas cogiendo apuntes del correo y etc en la primera clase de español del curso. Creo que desde entonces, no he vuelto a estar tan atenta. Claro, también cuenta que era el primer día y que no sabía ni cómo serían las clases; por eso copiaba todo lo que la profesora decía.
Nunca más he vuelto ni a sentarme en ese sitio, después de las primeras semanas, ni a atender demasiado en clase. Pero algo que siempre voy a admirar, es tu fuerza de voluntad. No sólo por sentarte y copiar, sino porque intentas que tus amigos hagamos algo, nos animas y siempre aconsejas. A mi sobretodo, que te sabes mi vida y, si cabe, la mayoría de mis cicatrices.
Es por eso, entre otras muchas cosas, por lo que escribo esto. Para agradecerte que aquel día te sentaras a mi lado y me dejaras entrar en tu vida, regalándome no sólo la primera sonrisa, sino muchas más. Para decirte que mi mano también estará siempre, al igual que la tuya ha estado, por si te caes, sujetarte- y lo de caerte lo digo figuarada y literalmente jaja. Pero más que todo eso, para decirte que nunca cambies, que eres genial y muy especial. Que espero que esto sea así los cuatro años de facultad y luego, otros cincuenta más. Que este es el primero de muchos cumpleaños juntas, que lo sepas. Y por último, que lo de te quiero, se te queda corto.

4 de enero de 2012

Gloria.

No hay nada que precipite un cambio; simplemente sucede. No hay ni una milésima de segundo que se libre de una decisión, de un acto, de una opinión. Todo en la vida son cambios y el tiempo no manda sobre ninguno de ellos, pese a que seamos sus esclavos. Somos marionetas de un gigantesco reloj, pero nosotros mismos podemos manejarnos a nuestro antojo. Las decisiones las tomamos nosotros; el cambio se produce porque queremos, sin más. Sin que el tiempo intervenga, sólo nuestra cabeza y, más frecuentemente nuestro corazón.
Que si algún día decidí perderme en tu mirada, no fue en un segundo, sino al saborear tus ojos. Que si quiero hacer de tu piel mi mapa favorito, no es porque en algún minuto me rozó, sino porque me gusta. Corazón de nuevo. Y por eso, simplemente por eso, arriesgo: porque si no lo hiciera, me arrepentiría. Prefiero mil veces seguir a mi corazón y dejarme llevar por lo que siento aún sabiendo que puedo equivocarme y caer. Porque en la vida, sin riesgo... no hay gloria.

28 de diciembre de 2011

Capítulo.

Hace tiempo que empezó todo esto. Desde el primer día se me hacia raro pensar que ni siquiera llegasemos tan lejos... No tienes ni idea de la ilusión que me hacia leer un simple sms o ver una llamada perdida cuando me despertaba por las mañanas. Me atrevería a decir que estaba más nerviosa cuando veía la manchita azul de tu autobús aparecer a la derecha que cuando me presentaba a un examen. Así de loca estaba. De esa manera empecé a quererte. Porque ya no eran sólo las hormiguitas en el estómago y esos comportamientos idiotas cuando estabas cerca. Empecé también a fijarme en si estabas o no conectado y si me hablabas, ya le buscaba sentido casi a los espacios entre las palabras. Llegué a obsesionarme con tus ojos, para mi siempre tan hermosos. Me encantaban. Creo que más que de ti, me enamoré casi de ellos. De su color verde los días de sol y de ese tono marrón miel cuando llovía. Me los aprendí en todos y cada uno de sus matices; eran, si es posible, mi asignatura favorita.
Pero también había más cosas, claro. No todo es color de rosa ni mucho menos. Y vinieron los errores y las caídas. Y luego, la recaída aquel veintisiete de mayo. Y muchas cosas, muchos precipicios. Pero tan importante eras, tanto te echaba de menos y te quería... que prefería tenerte como amigo a que te marcharas. Y aunque hubo más caídas, al final parecía que todo volvía a ser normal. Y yo era la persona más feliz del mundo, porque tú estabas a mi lado.
Y llegó ese nueve de noviembre inundado de más dudas. Porque si algo ha habido en nuestro camino a parte de errores y piedras, han sido dudas. Por mi parte y por la tuya, pero ya no importaba. El bache era demasiado grande. Recuerdo que lo que menos soporté de todo aquello fue ver tus ojos fríos, tranquilos, como no los recordaba ni había visto antes. Y cuando el puzzle se rompió y dejó de encajar, supe que aunque te echaría de menos bastante los primeros días e incluso semanas, no sería para tanto. Y fue exactamente así. Ahora ya no siento nada; ni siquiera rencor. Podría volver a hablarte sin problema alguno, como a un conocido más. Me quedo con los buenos recuerdos y con la moraleja de esto: que la vida es un libro y está lleno de gente como tú, que no lo son todo, sólo un capítulo.

26 de diciembre de 2011

Imposible.

Hace tiempo que me pregunto cómo es posible describir una sensación, un color, un sonido, una sonrisa, unos ojos, un... sentimiento. Porque por más que lo pienso, sólo llego a la conclusión de que con describir el aspecto no basta. ¿Qué pasa con las sensaciones que te transmite? Y los recuerdos, ¿qué ocurre con ellos?
Que puedo escribir la Biblia en verso diciendo cómo me siento cuando veo esa sonrisa, cuando me pierdo en esos ojos, cuando me encuentro en esa cintura, pero que eso no lo hará más tangible para nadie. Que puedo hacer que voléis conmigo mientras explico mis escalofrios con esa mirada y con el roce de esos dedos en mi pelo. Que puedo expresarlo mediante palabras, pero si no estáis para vivirlo, comprender los hilos que unen esos sueños, es imposible.

23 de diciembre de 2011

Colores.

Rojo. Así siento el calor del sol cuando roza mi pelo. Azul. Así huelo tus besos cuando rozan mis mejillas. Verde. Así toco tus ojos cada día de nubes que los veo. Negro. Así me hunde la tristeza cada que vez que me mira de cerca. Blanco. La alegría me eleva cuando menos me lo espero, sin pasar si quiera por el gris. Rosa. La vida me sorprende con sus giros vertiginosos cada vez que me pierdo en tu cintura. Verde. Tus ojos de nuevo sonriendo. Amarillo. Un paraguas cuando llueve mientras camino entre sonrisas. Sonrisas violetas, coral, de espuma, de sol, de arcoiris, sonrisas que me llenan y me gustan de tal forma, que sé que si pierdo el norte, ellas me buscan y me encuentran. Sonrisas rojas como los rayos de sol; azules como tus besos; verdes como tus ojos; negras como la tristeza cuando no estás; blancas cuando vuelvo a ver tus ojos verdes brillando. Sonrisas de ilusión, de locura, de gritos, de amistad, sonrisas... de colores.





P.D. Voy a echarte mucho de menos...

4 de diciembre de 2011

Sol.

Buscarte dentro de bares, en mi cabeza, en tu cintura, en el cielo, en los ojos de un gato, en la curva más baja de tu espalda. Y encontrarte sentado en un cajón; sin ver, sin sentir, sin pisar las nubes que te rodean. Sin querer salir, siempre en el mismo agujero. Preguntarte que por qué sin obtener respuesta y, entonces, pedirte que te pierdas en mi sonrisa otra vez, que bailes y grites, que vuelvas a volar, que seas el mismo, que te rías de cosas que no tienen chiste, que digas tonterías como siempre sólo para ver cómo los demás disfrutan, que camines de mi mano. Y, sobre todo, pedirte que me dejes mirarte, que te inunde con mis ojos, que disfrute del brillo de tus dientes en una noche violeta de agosto. Que me dejes que vuelva a enseñarte cómo es el sol.

27 de noviembre de 2011

Victoria.

¿Sabéis esa sensación de sentirte realizada con tan sólo un gesto? Sí, venga, chicos, esa felicidad que sientes cuando la persona más desvalida del mundo te mira con tristeza en los ojos, pero con una sonrisa. Una sonrisa agradecida. Sí, vamos, esa grandeza que hace que por fin no estés frustrada y no te sientas impotente, porque has vuelto a ver esa sonrisa; porque sus palabras agradecidas son como un bálsamo que te relaja; porque su abrazo, aunque leve, hace que vueles. Si, justo esa que hace que te sientas como el mayor escudo del mundo, que hace que seas la mayor protección de una persona, que seas su confesor, que seas lo primero que tiene en mente. Que seas la mano que la sujeta para que no caiga más profundo. Sí, esa que hace que seas más fuerte sólo por verla sonreír. Sí, esa exactamente chicos. Justo esa sensación de… victoria.





P.D. Siempre :)